diumenge, 30 d’abril de 2017

María Jesús Díez



MARÍA JESÚS DÍEZ

Alumna de català A2 i B1
Curs 2016-17




Vaig néixer el dia 5 d’octubre de 1990 a Madrid, després em vaig traslladar a un poble anomenat Arganda del rey, al sud-est de Madrid, on vaig passar 23 anys a casa dels meus pares.
Era una noia petita, pèl-roja, amb molt caràcter i molt inquieta.
La meva infància va ser molt maca, amb moltes amics. Després, quan vaig tenir 13 anys, es va complicar una mica en començar l’adolescència, però no va ser un problema per mi perquè era molt forta.
Vaig tenir moltes aficions com la natació i el ball. Ballar m’agradava molt. Ballava ball modern, flamenc i ballet, encara que m‘agradava més el modern, on podia expressar-me com realment sóc.
L’adolescència va ser una època una mica dura però vaig poder superar-la i aprovar l’educació secundària. Vaig poder passar a batxillerat d’art que m’agradava tant!
Vaig fer moltes pintures i obres d’art aquells anys, ja que tenia molt temps lliure. Ara és més difícil poder trobar una estona per dibuixar, però quan pugui no dubtaré a tornar-ho a fer.
Quan va arribar la selectivitat es van acabar les coses bones! Em vaig passar molt de temps estudiant per aprovar-la.
Vaig aprovar-la i em va costar molt trobar la carrera i la universitat perfecta per mi. Quan vaig trobar-la, vaig decidir fer educació especial ja que m’agrada molt ajudar a tothom. Va ser una de les millors eleccions que he fet a la vida perquè és la meva vocació ara.
Després, quan vaig acabar la carrera, em va ser molt difícil trobar feina i vaig decidir fer una altra carrera: educació infantil. Vaig trobar feina en una associació de persones amb discapacitats, com a monitora d’oci, però va ser com una formació per mi perquè no em va donar gaires diners i no vaig poder independitzar-me encara.
Per aquest motiu, vaig començar a estudiar quiromassatge i massatge tailandès, que em va agradar molt com a afició, però després vaig poder treballar d’això. I així és com vaig pensar a fer la temporada a Eivissa i vaig conèixer aquesta magnífica illa. Vaig venir durant 3 anys a fer la temporada i el tercer any vaig conèixer el meu al.lot.
Quina decisió aquella, que va fer enamorar-me i trobar-me molt completa personalment!
Ens vam traslladar a Madrid a l’hivern i vaig trobar a faltar molt l’illa i vam decidir traslladar-nos de nou a l’illa i així van començar els astres a alinear-se, encara que vaig trobar a faltar molt la meva família per estar allunyada d’ells!
A Eivissa vaig trobar feina en un centre psicopedagògic amb nens petits amb trastorn d’espectre autista, on vaig ser molt feliç. Amb el temps vaig acabar el contracte i vaig haver de buscar una altra feina.
Vaig trobar feina com a acompayant de transport escolar i com a professora de classes extraescolars d’anglès i reforç de totes assignatures en un col.legi.
Des de setembre estic aprenent català perquè el necessito per poder fer classe a les escoles.
Ara acabo de trobar una nova feina en una associació de persones amb discapacitats, que començarà a fer la vida més senzilla a aquestes persones a Eivissa, que abans havien d’anar a altres llocs per poder tractar-se.
M’agrada molt aquesta feina, ja que puc treballar amb aquestes persones, que és el que més m’agrada. Ara mateix estic treballant a Palma de Mallorca per uns mesos per fer una formació. El  juliol seré per Eivissa treballant a Santa Eulàlia en un centre de dia. Tinc moltes ganes de començar allí. Estic molt contenta de poder fer el que m’agrada!
 "L’ensenyament que deixa petjada no és el que es fa de cap a cap, sinó de cor a cor."  (Howard G. Hendrick)


Per saber-ne més

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Una de les meues pintures que més m'agrada

foto de Escola de Persones Adultes d'Eivissa i Formentera - CEPA Pitiüses.
Amb els companys de català A2

diumenge, 23 d’abril de 2017

Esperança Marí Maians

Esperança Marí Maians, professora de l'àmbit de comunicació del CEPA Pitiüses des del curs 15-16. 
En aquesta entrevista del programa "Sa cadira" de la TEF la podem conèixer una mica millor.


L'ensenyament d'adults: necessitat de millora urgent:

diumenge, 9 d’abril de 2017

Marilena Conti


MARILENA CONTI

Alumna d'espanyol per a estrangers




AMAR EL ARTE, ¿POR QUÉ?

“Hay un instante mágico para el espectador de una obra de teatro: cuando por fin entra en ella. Puede suceder mientras lee la obra o en el teatro, frente al escenario”.

Algunas personas tienen amor por el arte porque crecieron en una familia de artistas, otras no se sabe bien por qué tienen semilla de artista en su propio ser. Yo empecé de niña a pensar que me gustaría ser bailarina o, en cualquier caso, pisar el suelo de madera de un escenario. De verdad, el arte, la palabra y el teatro han entrado en mí de una manera muy diferente.
Mi padre hacía reformas en la parte interior de los teatros, las tramoyas; y yo, mientras estudiaba en la universidad, trabajaba con él porque me fascinaba ese lugar mágico donde no hay ficción sino piezas de vidrio de vidas que se rompen y recomponen como en un caleidoscopio. Lo bueno era que podía entrar en los teatros cuando estaban vacíos o cuando los actores ensayaban, sin el brillo y sin los ruidos de los aplausos, solo sus voces que rebotaban desde la garganta al corazón o a la madera para volver a su escritor, una alma dada en préstamo. Yo me quedaba a mirar ese mundo, escuchando y saboreando el aire, respirando despacio para no hacer ruido.

Dos cosas subieron a mi corazón: la primera fue que yo sola, de toda la familia, comprendía y compartía el trabajo de mi padre, que no se reducía a ganar dinero. Y ese hilo que en el silencio nos unía se hacía más fuerte y, al mismo tiempo, mi pasión crecía. La segunda fue que sin saberlo, el pasear por ese lugar extraño, respirar el polvo, escuchar el sonido del suelo de madera, de las cadenas y cuerdas que subían y bajaban, mirar a los artistas que abrían sus corazones a mil emociones, todo eso era como recibir una herencia para toda mi vida.

Así fue como el alma y el arte empezaron a compartir mi vida, y los sueños llegaron a cubrir una realidad que no siempre podré agradecer porque, de verdad, es así: se hace arte para hablar con amigos imaginarios o para expresar una parte muy escondida de nosotros, se hace arte para hablar a los que no tienen sueños y se sientan en los patios de butacas para dejar pasar un tiempo en ellos -lo que sucede es que no puedes estar sentado en una silla y no venir tocado de ese aliento-, se hace arte para encontrarte a ti mismo en  otra persona, un trocito de ti mismo.

Voy a vivir en un personaje -lo que prefiero de aquella obra-, y no será el personaje quien se quede en mi alma, no. Será lo contrario, yo me voy a vivir en él con mi carácter, mis temores y mis sonrisas, y el milagro de esto es que va a nacer una persona nueva cada vez, todas la noches, todas la pruebas, todas la réplicas. Esto es lo que le pasa a un artista: renacer.

Yo tenía 18 años y me iba sola a lugares para mí mágicos como: los teatros, los cines o las salas de música. Iba sola porque normalmente los chicos de 18 años se iban a buscar chicas a la discoteca y no perdían el tiempo esperando encontrar la locura de Carmelo Bene, las oscuridades de Vittorio Gassman, las contradicciones de Eduardo de Filippo o el ruidoso ladrar del alma de Lavia, con todo el vecindario desesperado y vivo. Momentos de paz y de violencia verbal que se alternaban en el escenario y yo como una esponja, absorbiendo, elaborando y engullendo todas las palabras o imágenes que chocaban contra mi corazón.

Al final de todo, amo el polvo, el olor y el sonido vacío, el grito, la risa, el llanto; amo todos los lugares mágicos que un artista tiene por dentro y me encanta que en tan poco espacio se puedan desarrollar mil emociones humanas. Me gusta pensar que soy como Winnie, de Días felices de Becket, prisonera de un gran amor que quiero expresar de mil maneras diferentes, una prisión que llena el ruido vacío. Y si  quieres, podemos compartirlo y vivirlo juntos, en plena libertad porque todo esto sirve para dar y no para quitar,  para sanar y no para abrir heridas, porque solo sé una cosa: que nunca un acto artístico va a hacer daño. Los artistas tienen una herramienta en sus manos que puede ser peligrosa, nunca debe ser un cuchillo y siempre debe ser una palabra que sana aunque sea una verdad real y muy dura.

Per saber-ne més

Las comidas de las abuelas

No se por qué pero sabía que esta historia no me iba a caer muy bien. Después me acordé de que no siempre tienes dos abuelas, no siempre tienes abuelas que se aman, y también no siempre tienes abuelas que cocinan.

Yo tenía dos abuelas, lo que pasaba es que no se hablaban, no, mejor dicho,  nunca se conocieron ni encontraron, y no era porque vivieran lejos. Mi abuela paterna era milanesa, totalmente del norte, de pura raza, la última de los Carugati, dinastía milanesa de siete generaciones y decía que fuera del barrio donde nació y vivió (Porta Ticinese) eran todos “Terrones” del Sur. Para Edvige y su marido, Milán empezaba y terminaba alrededor de Porta Ticinese. Una mujer glacial, con porte austríaco, ojos azules muy claros, casi de hielo, pelo rubio y piel blanca y que tenía detrás una larga historia. Pero tengo que hablar de comida y, de verdad que ¡Edvige nunca cocinó para sus nietos! ¡Nunca nos invitó a comer a su casa! Íbamos a su casa para verla y saludarla, a veces ella cantaba porque tenía una voz de soprano. Yo escuchaba y aún hoy recuerdo las letras de las canciones que no estaban en italiano sino en milanés. Ella nos contaba la historia de principios del siglo XX porque nació al final del siglo XIX, y lo hacía preparando una taza de leche con una gota de café muy largo y galletas Oro Saiwa.
Nada más, esta era la comida para los nietos de mi abuela paterna que, a pesar de todo, tenía un sabor y un calor que nunca más he sentido. Era una leche muy densa, una leche auténtica que tenía por encima una pequeña capa de crema, bocado delicioso que se podría conseguir solo cuando se abría una botella nueva. Una sola vez y nada más. Era una leche de verdad, para los nietos, sin microondas, calentada con un pequeño fuego dentro de un mueble de madera, que no se hacía en un momento, necesitaba un tiempo. ¿Y qué decir de las tazas? Eran anchas, de porcelana blanca, de las que se toman con ambos manos. En Milán hacía mucho frío, y también en su casa, donde no había verano. Por eso, la leche que calentaba las manos era, pensándolo bien, una buena comida.

¿Y la abuela materna? Ah, ah ah, ella era una “ terrona” y yo soy una mezcla de sangre del norte y del sur, porque mi abuela era de Aversa, cerca de Caserta. D’Arienzo era su apellido como el de uno de los edificios históricos de Caserta. ¡De sangre noble y sin dinero! Mi abuela Magda vivía en un pueblo cerca de Milán y cocinaba muchísimo. ¿Sabéis cómo hace la gente del sur? Todo se resuelve alrededor de una mesa; la  felicidad y las tragedias, siempre y en cualquier caso comiendo.Y si era Pascua o Navidad la comida era muy especial, hecha de salsa que cocinaba durante horas, de “casatiello”, un pan especial hecho con harina mezclada con manteca de cerdo y por dentro tenía salami, queso, huevos -todos los que habían quedado abiertos en la nevera-.
Un sabor y un olor que no se puede olvidar. Y como eso muchas otras cosas, polpettone de ternera picada, anchoas en aceite. Mi abuela no tenía un plato especial, hacía una comida que influyó totalmente en mi cocina. Eran comidas eternas, que empezaban a la una y terminaban cuando estábamos cansados y ya era la hora de irse a casa. No era una comida, era un ruidoso congreso de familia durante el cual se podía pelear y también amarse y, en medio de todo este barullo, el que nunca se ponía nervioso era mi padre que sentado tranquilo y con pocas palabras se aprovechaba de todo lo que la mesa podía ofrecerle. Magda hacía la comida como para ofrecer lo mejor que tenía en su casa y ella también como Edvige cantaba, solo que lo hacía en napolitano. Por eso yo no hablo solo italiano, inglés y un poco de español, hablo y canto en milanés y napolitano, y como y cocino comida de Milán y de Nápoles.


POEMA

Ascolta

Se voglio piangere, lasciamelo fare.
Non devi fare nulla,
solo, tenermi dolcemente la mano.

Se voglio parlare, ascoltami.
Devo ricordare
per non dimenticare momenti preziosi,
fino a quando i pezzi di cristallo
torneranno a essere bicchieri.

Se voglio stare in silenzio, ancora ascoltami.
Siediti di fronte a me,
guardami in faccia,
i miei silenzi parlano di parole che aiutano a guarire.

Si è aperto un buco,
il mio cuore batte lentamente,
e, a poco a poco,
scopro una nuova forma di amore
fatto di un filo sottile
che ricama nuove storie,
per riempirlo.                               


Escucha

Si quiero llorar, déjame que llore.
No tienes nada que hacer,
solo sostén suavemente mi mano.

Si quiero hablar, escúchame.
Tengo que recordar
para no olvidar los momentos preciosos,
hasta que los trozos de cristal
se conviertan de nuevo en vasos.

Si quiero estar en silencio, una vez más, escúchame.
Siéntate  frente a mi,
mírame a la cara,
mis silencios hablan de palabras que ayudan a sanar.

Se ha abierto un agujero,
mi alma late lentamente,
y, poco a poco,
descubro una nueva forma de amor
hecho de un hilo finísimo
que borda nuevas historias,
para llenarlo.






diumenge, 2 d’abril de 2017

Dan Cohen




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DAN COHEN 

Professor del Departament de Comunicació i director del CEPA Pitiüses.









Hola, som Dan, i voldria explicar-vos una mica de la meua vida.
Fa molts anys vaig ajudar mon pare a fer una casa. Just en penjar la porta principal, ma mare em digué: -Dan, vens amb mi, que t’he de parir. I així vaig néixer a la casa familiar.
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De nen els meus germans i jo jugàvem als jocs típics de l’edat: pilla-pilla, gronxador, fer pastissets de fang i cercar la pedra filosofal.  No la vàrem trobar mai, malgrat haver mirat en els llocs més insospitats.  Una vegada i una altra vam acabar disculpant-nos quan vam dur a terme les nostres investigacions per racons que altres podrien considerar propietat privada.
Als sis anys vaig començar el col·legi; era prou lluny, set quilòmetres d’anada i vuit de tornada, sempre barda amunt.  La mare no ens deixava cap menjar, però cadascú tenia la seva bassetja i permís de caçar allò que volguéssim.  Així, un bon dia arribaria ben alimentat i, a més a més, amb un abric nou.
Acabada l’escola, els germans i jo havíem de decidir entre estudiar la carrera a Amèrica o a Europa.  Com no podíem posar-nos d’acord, decidírem  anar a universitats per les dues bandes de l’oceà a la vegada; fèiem torns amb un germà remant i pescant, un altre fent deures i el darrer dormint.  Solíem arribar amb retard a les classes i ens feren fora, però ja amb els músculs ben desenvolupats. Volíem aprofitar l’experiència i ens presentàrem als Jocs Olímpics, però resulta que no existeix a nivell olímpic la carrera de cinc mil quilòmetres a rem.
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Així que havia de trobar feina sense títol i vaig experimentar molts treballs diferents: vaig passar uns anys com a provador de matalassos, una feina molt cansada; hi va haver una època com actor de doblatge per al cine mut, una experiència  que em deixava amb la paraula dins la boca; un grup pseudoecologista em va contractar com a acompanyant d’espècies en migració i així estaven satisfetes les meves ànsies de viatjar. Finalment, vaig treballar com a ajudant d’un científic que feia experiments amb la velocitat de la caiguda de l’aigua a casa i així vaig passar uns anys observant com de mica en mica s’omple la pica.
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Al final hi havia la possibilitat de fer-me professor i la vaig aprofitar, intentant formar l’alumnat en el seu ús de la llengua anglesa i el mètode científic.  A vegades pot ser que m’hagi confós i acabat donant llenguatge científic i el mètode anglès, però aprendre és aprendre i estic ben cofoi de veure exalumnes que parlen de picopascals i camps electromagnètics sense dificultats, mentre altres saben prendre el te a les cinc de la tarda en punt  i posar-se a mirar un partit sencer de criquet.
Sempre he intentat compaginar la feina amb la família i les aficions. La família ha estat fàcil; dins cada pàgina de l’agenda dedico una part a la família i una altra a la feina; compartit! Les aficions m’han costat força perquè en tinc dues principalment: l’esport de squamish, amb la variant de 43 persones per cada equip i  el club dels elefants. No he pogut practicar la primera perquè mai ens hem trobat les 90 persones (43 per cada equip i 4 oficials) necessàries per al partit, ni la segona per no trobar cap elefant amb els diners necessaris per pagar la quota de soci.
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I aquí teniu la meua vida. Encara tinc bateria per seguir en marxa durant un temps, mentre no hi hagi cap curtcircuit.